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La Crisis de Sentido Común

La Crisis de Sentido Común

Escrito por: Manuel Carral

Vivir en una Sociedad dual

“Si tu única herramienta es un martillo,

 tiendes a tratar cada problema como si fuera un clavo” 

(Abraham Maslow).

¿Alguna vez participaste de una discusión en la que nada tenía sentido y sólo había una continua escalada de conflicto? 

Si tu respuesta es sí, no me sorprende en lo más mínimo.

Vivimos tiempos de vertiginosos cambios, tanto en lo macro social como en lo micro personal, que acarrean un fenómeno de dualización; una sociedad dividida en posiciones enfrentadas sin posibilidad de diálogo.

¿Por qué llegamos a estos extremismos? 

¿Por qué es tan difícil reconciliar las diferencias que nos dividen?

Cuando las circunstancias son caóticas y cambiantes debemos centrarnos en lo que sí permanece, la persona. Ésta siempre será el factor común y, a su vez, el aporte diferencial a toda circunstancia.

Te invito a continuación a explorar el contexto y los actores, las circunstancias actuales y nuestra condición humana, para así reflexionar sobre este fenómeno social de dualización, el cual denomino como una “crisis de sentido común”.

Finalmente te invito a reflexionar sobre el importante rol y servicio que los mediadores podemos aportar a estas circunstancias.

El contexto:  La era digital y la sociedad etérea.

                                 “Nos convertimos en lo que contemplamos. Damos forma a nuestras herramientas y luego nuestras herramientas nos dan forma a nosotros”. 

Marshall McLuhan

Somos hijos de nuestra época. La era digital trajo nuevas herramientas y un nuevo entorno, la adaptación darwiniana al entorno virtual nos ha modificado como individuos y sociedad.

De lo líquido a lo aéreo: 

Para definir al contexto histórico actual Zygmunt Bauman acuñó el concepto de liquidez y nos habla de modernidad líquida, amor líquido y sociedad líquida. Estos términos hacen referencia a que hoy, la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas permanezcan, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro, un rechazo por lo estable y lo establecido y un aprecio por lo cambiante, lo mutable. Podemos observarlo en la filosofía New Age del soltar, que nos invita a soltar en lugar de sostener, entonces ¿Cómo sostener acuerdos ante los cambios?, ¿Cómo sostenernos ante los cambios? Ya no pisamos tierra firme.

Hoy en día el concepto de liquidez ha quedado corto, la modernidad es etérea (efímera, volátil e impredecible). Todo se ha vuelto instantáneo y como lo instantáneo dura un instante, esto apareja un cambio continuo, el soplo de lo instantáneo no da respiro.

Lo inmediato de lo instantáneo borra la noción de proceso y caemos en la ansiedad del resultado. Todo debe ser ya, fácil y rápido generando una baja tolerancia a la frustración.

Otro aspecto de nuestra era es que nunca antes en la historia de la humanidad se había democratizado tanto el acceso a la información. Si la información es poder:

¿Quiere decir que nunca antes estuvimos tan empoderados?

La respuesta parece ser el caso contrario y la razón es que no llegamos a procesar el caudal de información que se produce generando un fenómeno de desinformación por saturación.  En este contexto de hiper-información, difícil es discernir lo real de lo ilusorio, los “filtros” de la realidad. Somos una sociedad del conocimiento mas no del entendimiento, acumulamos copiosas cantidades de información, pero poco cultivamos la capacidad de comprenderla. Tanta información encandila y perdemos la lucidez por falta de criterios para discernir.

La sociedad etérea es una sociedad virtual, sin tiempo y espacio, se esfuman los límites físicos de la realidad y sus tiempos orgánicos. Esto afecta a nuestra forma de pensar y sentir. En la inmediatez de lo instantáneo emitimos veredictos sin pasar por el debido proceso. No hay tiempo para la reflexión. Nos volvemos impulsivos y reactivos. Cunde una baja madurez emocional y racional y, en el rapto emocional impulsivo y sin criterio, reemplazamos el espíritu crítico por uno criticón. Vale más la opinión, las “verdades” subjetivas que los hechos.

Los factores antes descritos de esta ecuación resultan en circunstancias V.I.C.A (volátiles, inciertas, complejas y ambiguas) donde contamos con poca compresión de lo que sucede y poca predictibilidad de lo que sucederá.

 

Los actores: la persona y su condición humana. 

Habiendo establecido el contexto de la obra, hablemos ahora de los personajes, los humanos.

Los humanos somos individuos sociales que buscamos comodidad y seguridad. Identificamos la seguridad con certezas, porque ellas nos proporcionan predictibilidad.

En tiempos V.I.C.A. tan vertiginosos y cambiantes, poco podemos comprender lo que sucede y predecir qué va suceder, lo que afecta directamente a nuestro sentido de seguridad generando un estado de crisis.

Una crisis, hito que inevitablemente todos las personas atravesaremos en nuestras vidas, es cuando un evento nos coloca en la zona desconocida sin pasar por la zona de aprendizaje y borrando nuestra zona de confort. Es un punto de inflexión y no retorno; ya no puedo volver a los antiguos recursos conocidos.

Una crisis afecta a los cuatro sentidos elementales de la persona: el sentido de vida, el sentido de identidad, el sentido de pertenencia y el sentido común.

 

Crisis de sentidos

1) Crisis del Sentido de vida:

¿Para qué existo?

Cuando perdemos nuestro propósito, perdemos nuestro para qué, nuestra razón y dirección de vida. Para Viktor Frankl vivimos en la búsqueda del sentido y a través del sentido.

2) Crisis de Sentido de Identidad:

¿Quién soy?

¿Quién soy luego de un divorcio, luego que me despidan del trabajo, luego de un accidente, luego de una pérdida?

3) Crisis de Sentido de Pertenencia:

¿Cuál es mi lugar? ¿Junto a quienes?

 “Eres el promedio de las cinco personas con las que pasas más tiempo” Jim Rohn.

“Muéstrame a tus amigos y te mostraré tu futuro” Anónimo.

Somos individuos sociales, eso significa que somos en relación con los demás, necesitamos conexión y vínculos.

4) Crisis del Sentido Común:

Nos une lo común y nos divide la diferencia.

El sentido común es un constructo social que va más allá de la mera subjetividad de los individuos. Este proporciona un marco de referencia de entendimiento mutuo.

Cuando un conjunto de individuos comparte un sentido común, hay comUnidad.

Cuando nos enfrentamos a una crisis de sentido común, significa que ese marco de referencia se ha roto, no existiendo un acuerdo común, ya no sabemos «cómo jugar el juego», no sabemos cómo conducirnos, perdemos previsibilidad, ganamos incertidumbre y nos sentimos incómodos e inseguros.

 

La persona y sus circunstancias: una sociedad dual 

En tiempos caóticos, poco comprendemos lo que sucede y poco podemos prever qué sucederá.

La cosmovisión o paradigma deja de dar respuesta, entonces se rompe el marco de referencia compartido y quedamos partidos, generándose una crisis del sentido común.

Sin un marco común difícil es “jugar el juego”, dañándose la forma de interrelacionarnos, entonces nos aislamos llegando a la irremediable crisis de pertenencia.

Somos seres sociales, y definimos quién somos en base a esa interrelación. Cuando no puedo definirme llega la crisis de identidad. Cuando ya no sé “quién soy”, pierdo claridad de propósito y dirección, llegando entonces a la crisis de sentido de vida.

Este contexto favorece la proliferación de “ismos” de todo tipo. Un “ismo” tiene un sentido común propio; prácticas, lógica, código, lengua, etc., una forma de “jugar el juego”, un “ismo” que brinda pertenencia, identidad y propósito; “soy parte del movimiento, soy miembro del movimiento y tengo la causa del movimiento”.

¿Por qué vivimos en una sociedad dual?

Porque los “ismos” generan fundamentalismos y fanatismos, extremismos que surgen como analgésicos para calmar el malestar de la crisis de sentidos. Estos operan desde la lógica dual amigo/enemigo. Cada grupo tiene su “verdad” y quien no adhiere es el enemigo. Se exige una lealtad ciega que no admite auto-observación, ni auto-critica, ni pensamiento crítico, ni pensamiento a secas.

Es en esta lógica dual, que enfrenta y divide, cuando creamos bandos de buenos y malos, de víctimas y victimarios, donde la virtud y el defecto está en el “quién” y no en “qué”.

Diciéndolo de otro modo; lo que importa es quién hace o dice algo, y no qué comportamiento hace o discurso dice para que sea entendido como bueno o malo. Veamos un ejemplo: un hecho de corrupción es grave si lo realiza la oposición, pero si lo realiza mi partido, son cosas que pasan.

“Las grandes mentes discuten ideas, las mentes medianas discuten acontecimientos, las pequeñas mentes discuten a la gente”. 

Eleanor Roosevelt

Las ideologías son el premio consuelo de quien carece de ideas.

Siendo parte de un “ismo” es fácil caer en un rapto emocional y en un fundamentalismo racional, una forma de sentir única, empatía solo por la emoción de mi clan y un ciego acatamiento a su ideología.

Un “ismo” instala una lógica dual de suma cero, esto conlleva a una forma de comunicación específica donde se habla para imponer y se escucha para contestar, en lugar de hablar para compartir y escuchar para comprender.

Todo esto desemboca en una forma específica de gestionar el conflicto; la confrontación y el imponerse al otro, conllevando a escaladas de conflicto y anulando la posibilidad de diálogo.

Los individuos y la comunidad pueden ser opuestos enfrentados (lógica dual) u opuestos complementarios (lógica polar integral).

Como elijo una sociedad de concordia a una sociedad dual; elijo al individuo sobre el individualismo, a la comunidad sobre el comunismo.

 

Conclusión: el rol del mediador

El sentido común se construye con una parte de mi sentido y otra de tú sentido, por eso se llama común. 

Manuel Carral

Vivimos en una sociedad dual dividida por “ismos” de intolerancia y escaladas de conflictos. Circunstancias de incertidumbre con poca comprensión de lo que sucede y sucederá. Atravesamos una “crisis de sentidos”.

Toda crisis es un problema, un conflicto. Los mediadores, como gestionadores de conflictos, tenemos un rol vital en estas circunstancias para transformar la crisis en oportunidad.

Hay comunidad cuando compartimos sentido.

Para pasar de una sociedad dual a una de concordia, necesitamos construir un marco de referencia mutuo que permita el encuentro de las partes divididas y trascienda la mera subjetividad del ensimismamiento. Necesitamos contar con criterios compartidos que brinden discernimiento y lucidez ante las circunstancias y desafíos que se presenten.

Los mediadores generamos espacios de diálogo

 donde habita el abismo del sordo monólogo.

Manuel Carral

La forma en que discutimos y la forma en que nos comunicamos puede crear o resolver conflictos.

Se vuelve ineludible formular un nuevo modelo de la comunicación que incorpore la lógica utilizada por el hablante y el escuchante, que sume criterios de madurez emocional y racional. Un modelo que invite a co-crear marcos comunes de mutuo entendimiento que permita el cese del combate y se abra al debate.

Los mediadores, como constructores de sentido común, debemos facilitar un espacio de comunicación de calidad y un terreno fértil  donde pueda florecer la concordia.

Manuel Carral

Licenciado en derecho enla Universidad de Buenos Aires. Docente universitario en teoria del derecho, derecho civil y métodos alternativos de resolución de conflictos. Coach ontológico y community builder.

 

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  • Posted by AMM