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Guerra y mediación

Guerra y mediación

Escrito por: Andres Vazquez López

La misma especie que ha inventado la guerra también es capaz de inventar la paz

La reciente guerra de agresión del régimen del Presidente Vladimir Putin al vecino Estado soberano de Ucrania, ha traído a colación apasionadas manifestaciones, algunas poco inocentes, acerca de la dicotomía guerra versus mediación.

Sabemos que no todo es mediable. La cuestión de fondo estriba en conocer si mediación y violencia son conceptos conciliables. Los conflictos surgidos en relaciones asimétricas, donde se manifiesta un inevitable desequilibrio de poder son cuestionados[1] por la doctrina clásica como susceptibles de mediación. Pero no todas las voces coinciden[2] con estos análisis. Y es que ni la violencia es algo uniforme y estático, ni son lo mismo los casos de violencia de los casos con violencia. Porque la cuestión formulada a contrario, de quienes niegan la oportunidad de mediar en conflictos violentos, plantea la pregunta de qué se ofrece a cambio.

La realidad de la mediación para resolver conflictos armados, internacionales o no, en situaciones de violencia extrema en zonas de combate, donde no solo la integridad sino directamente las vidas de miles de personas están en riesgo, contradice las dudas de quienes niegan a la mediación carta de naturaleza como recurso eficaz y eficiente de intervención para la resolución de conflictos violentos.

Desde el Tratado de Westfalia (1648), la Mediación forma parte de la diplomacia, como medio de arreglo de controversias. A diferencia de otros medios jurisdiccionales, y al igual que en otros ámbitos de mediación, quienes recurren a ella conservan su libertad de acción y de decisión en cuanto a la solución final del conflicto. Además, de alcanzar una solución, total o parcial, se convierte en un acuerdo internacional obligatorio sin que tenga que basarse en el Derecho Internacional estricto, ya que puede tomar en consideración otros aspectos de oportunidad política, acorde con el espíritu de flexibilidad que informa a todo procedimiento de Mediación.

A diferencia de los protocolos seguidos en otros ámbitos de mediación, los mediadores internacionales no se limitan a recomponer los cauces de comunicación entre los actores intervinientes desarrollando una conducta activa tendente a lograr el acercamiento entre las partes. También participan, realizando propuestas y negociando.

También, y a diferencia de los escenarios en que se desenvuelven otros ámbitos de mediación, se caracteriza por ser multiparte, multidisciplinar y suele realizarse en varios  niveles -“multitrack”- permitiendo diferentes abordajes y enfoques del conflicto. La Carta de las Naciones Unidas[3] la recoge como medio para el arreglo pacífico de controversias en los artículos 2.3 y 33.1, dentro del Capítulo VI, en vigor desde 1945.

Desde su creación, las Naciones Unidas han desempeñado una función primordial ayudando en la mediación de los conflictos intraestatales e interestatales en todas sus etapas: antes de su escalada a conflicto armado, tras el estallido de la violencia y durante la ejecución de los acuerdos de paz. El Secretario General y sus representantes y enviados ejercen los buenos oficios y la mediación a petición de las partes, por iniciativa del Secretario General o como respuesta a la solicitud del Consejo de Seguridad o la Asamblea General.

La Dependencia de Apoyo a la Mediación (DAM) del Departamento de Asuntos Políticos  (DAP), establecida en 2006, colabora estrechamente con las divisiones regionales del DAP en la planificación y el respaldo de las actividades de mediación sobre el terreno. Como parte de sus funciones, la DAM presta apoyo logístico, financiero y consultivo a los procesos de paz; se esfuerza por fortalecer la capacidad de mediación de las organizaciones regionales y subregionales; y actúa como referencia del conocimiento sobre mediación, las políticas y el asesoramiento, las lecciones aprendidas y las mejores prácticas.

El DAP gestiona el Equipo de Reserva de Expertos en Mediación de las Naciones Unidas, un grupo de expertos «de guardia» creado en 2008 que se puede desplegar para ayudar a los mediadores sobre el terreno. Los miembros del equipo han proporcionado apoyo en docenas de negociaciones y están especializados en temas diversos, como participación en el poder, recursos naturales y conflictos, redacción de constituciones, acuerdos de cesación del fuego y otros acuerdos de seguridad, y cuestiones de género en el contexto de los conflictos.

Lo que diferencia la mediación en los procesos de paz, de la desarrollada en otros ámbitos, son los protocolos y metodologías aplicadas por los mediadores, que suelen exceder la noción convencional de la práctica de la mediación.

La violencia y la intención hostil es la línea fronteriza entre aquellos conflictos que se caracterizan porque “los rivales no se comportan como enemigos, sino como adversarios”, de aquellos que pretenden quebrar la resistencia del contrario por medios que suponen un ataque directo a su integridad física, psíquica o moral. García Caneiro  los categoriza,[4]  atendiendo a su génesis, en situaciones agonales, “desde la que se pueden desactivar los conflictos y sustituirlos por otras formas de rivalidad”, y situaciones polémicas, “la de la violencia abierta y directa”.

Pero la violencia es también una potencialidad,[5] no consiste solo en un hacer, también en un no dejar hacer. Sin duda, una conceptualización que abarca aspectos que trascienden la idea convencional con la que se suelen percibir las actuaciones violentas, pero que ofrece una comprensión más precisa del alcance de muchas manifestaciones complejas de la violencia cotidiana.

Las circunstancias excepcionales que acompañan a la amplia tipología de conflictos violentos sitúan en un primer plano las consideraciones teóricas acerca de la naturaleza de la intervención mediadora. Y es que la actuación de las personas mediadoras en este tipo de conflictos trascienden, e incluso exceden, la concepción clásica de los roles tradicionales atribuidos a la función de los mediadores, por lo que no es extraño toparnos con situaciones en donde las fronteras, bien articuladas en los planteamientos teóricos, se difuminen o confundan en su aplicación práctica,[6] particularmente cuando no es nítida la intención de las partes en cuanto a su implicación por resolver su conflicto.

En esta tipología de conflictos mediados generalmente nos encontraremos con una pluralidad de conflictos conexos, un número de partes implicadas que van mucho más allá de la convencional concepción de las tres partes del proceso tradicional y donde no siempre resultará claro a priori que tipo de mediadores (o comediadores, con sus diversos asesores y especialistas)[7] son convenientes, adecuados o aceptables para las diferentes partes en conflicto. El tránsito de conversaciones multiparte de alto nivel con los líderes de las diferentes facciones o grupos, dará paso (de forma gradual o simultánea) a intervenciones de nivel medio más inclusivas que pueden incorporar a diferentes estamentos sociales claves para la eficaz y efectiva pacificación.

El hecho de la existencia de una pluralidad de diálogos mediados, directamente relacionados con la intervención multiparte en este tipo de conflictos, exige igualmente la coordinación de las diferentes actuaciones e iniciativas, particularmente cuando se trata de acciones simultáneas pero no siempre complementarias, en donde pueden confluir perfectamente posiciones mediadoras competitivas y opuestas que, lejos de facilitar un acercamiento equilibrado de las partes, persiguen obtener ventajas políticas o de otra índole,[8] ensanchando la brecha de la asimetría inicial ya de por sí muy distorsionada por el uso indiscriminado de la violencia.

A todo lo anterior tenemos que sumar, en este peculiar escenario, la cuestión de la neutralidad e imparcialidad de los mediadores intervinientes. Una cuestión crucial, y es que si, de suyo, se trata de conceptos resbaladizos en una mediación convencional [9] se manifiestan en todas sus contradicciones en el escenario de los conflictos violentos mediados. Nadie nunca es total y absolutamente neutral, en una concepción estricta y absoluta del término, pero esto no niega la posibilidad de la existencia de grados o niveles de neutralidad, en el punto de partida, en la hoja de ruta, y en el punto final de la actuación del mediador. Y es en ese margen de maniobra en donde tiene cabida la conducta activa de la mediación valorativa.  Sin embargo, la neutralidad del mediador no es un cheque en blanco, y no puede serlo porque, en caso contrario, dispondría de una “patente de corso” como espectador en el conflicto, y no como parte actora sustancial del mismo.

La dicotomía moral que representa centrarse en la urgente búsqueda de un cese inmediato de las acciones violentas, con el objetivo de salvar vidas y evitar más daños, en base a un acuerdo inestable en relación a su vigencia temporal posterior, o focalizar en establecer un diálogo más amplio –y necesariamente más alargado en el tiempo- como base sólida para alcanzar la paz a largo plazo, no siempre será una decisión sencilla de tomar.

La imparcialidad es fundamental para mantener el consentimiento y la cooperación de las partes principales, pero no debe confundirse con la neutralidad. Conviene no olvidar que, desde luego en sus inicios y en ocasiones a lo largo de todo el procedimiento, nos encontramos en escenarios de violencia explícita o directamente bélicos, por poco convencionales que resulten en sus manifestaciones. En paralelo a las intervenciones mediadas se pueden, y de hecho se dan, otras intervenciones de mantenimiento o imposición de la paz a través de organizaciones regionales o internacionales que se ciñen a mandatos específicos con el recurso a fuerzas armadas (militares y policiales) de interposición que los aplicaran desde posiciones que serán imparciales pero no neutrales.[10]

Pero, además no desconocemos que la mediación en un conflicto violento es un proceso en el que intervienen múltiples actores ejerciendo diferentes roles complementarios, por lo que tampoco asistimos a un escenario homogéneo ni uniforme en relación a la inevitable gradación de niveles de neutralidad e imparcialidad entre los intervinientes, algo que puede valorarse con diferentes criterios.[11]

Por lo demás, la imparcialidad tampoco puede ser sinónimo de neutralidad en relación con las violaciones de los derechos humanos o los delitos de lesa humanidad.[12] Lo cierto es que no existen reglas genéricas que puedan aplicarse a todos los conflictos, ni pautas que garanticen lo acertado de regirse por criterios más o menos estrictos en orden a exigir una neutralidad[13] de los mediadores intervinientes más allá de la legitimación efectiva obtenida de su aceptación por las partes.

La ciencia, sin embargo, afirma que el comportamiento humano no está tan determinado por la genética, en la fisiología neurológica, que obligue a las personas a reaccionar violentamente.[14] En consecuencia, “La misma especie que ha inventado la guerra también es capaz de inventar la paz. La responsabilidad incumbe a cada uno de nosotros.”

 

 

 

[1] Se ha argumentado en contra basándose en la seguridad de las víctimas afirmando que no existen recursos necesarios para su salvaguarda, en la dinámica asimétrica generada que destruye la capacidad de negociar de las víctimas, en  el riesgo que supone para la despenalización y descriminalización de la conducta violenta al facilitar un plano de igualdad a víctimas y victimarios, en la quiebra de la confidencialidad, en la imposición de hecho a la parte más débil que limita su autonomía de la voluntad y capacidad de toma de decisiones, en la utilización del proceso por el agresor para obtener información privilegiada sobre la víctima, en la confusión conceptual entre mediación y otras modalidades ADR que puede llevar a la idea que se pretende una reconciliación de la víctima con su agresor en perjuicio de la primera,…

[2] Los argumentos a favor de la intervención  mediada en casos de violencia defienden el escenario privado y confidencial de la mediación como facilitador del abordaje abierto del conflicto, la dinámica emocional generada durante el proceso como disparadora del reconocimiento de la responsabilidad del agresor, también como foro libre de expresión para que la víctima pueda manifestar su versión de los hechos, como espacio de comunicación que facilite una verbalización de abusos encubiertos, …

[3] Carta Naciones Unidas, Capítulo VI Arreglo pacífico de controversias. Disponible en: http://www.un.org/es/sections/un-charter/chapter-vi/index.html

[4] “La característica esencial es que los protagonistas se enfrentan como enemigos, lo que quiere decir que se dan, con o sin razón, legitima o ilegítimamente, el derecho de suprimir físicamente, llegado el caso o en último extremo, a los miembros del campo opuesto a fin de romper inmediatamente, o en un plazo más o menos determinado, la resistencia de los que se oponen. Lo que cuenta en el estado polémico es la intención hostil, poca importa si tiene su origen en el odio, en el temor o en una decisión política y, generalmente, la hostilidad tiene por finalidad romper una situación de equilibrio con el fin de modificar la relación de fuerzas.” García Caneiro, José.  La concepción de la guerra en el pensamiento clásico, Documentos de trabajo del grupo de investigación ‘Nomos’, 2005.

Disponible en:  http://docubib.uc3m.es/workingpapers/IECSPA/iescpA040101.pdf

[5] “La violencia está presente cuando los seres humanos están  influenciados de manera que su somática real y realizaciones mentales están por debajo de sus posibles realizaciones. La violencia se define aquí como la causa de la diferencia entre lo potencial y lo real, entre lo que podría haber sido y lo que es. ” Galtung, Johan.  Violence, Peace, and Peace Research, Journal of Peace Research, Vol. 6, No. 3, 1969

[6] En estos escenarios cobran especial relevancia posiciones como la de Moore cuando afirma que “La mediación es esencialmente negociación…la mediación es una extensión del proceso de negociación. Sin negociación no puede haber mediación.” Moore, Cristopher. The Mediation Process: Practical Strategies for Resolving Conflict,  Jossey-Bass Publishers, San Francisco, 2004 Resumen, disponible en:  http://www.beyondintractability.org/bksum/moore-mediation

Lejos, por tanto, de concepciones al uso convencionales, el mediador podrá seguir un modelo basado en el poder de negociación y no constreñirse a un modelo más ortodoxo de la mediación de conflictos, dando lugar a intervenciones facilitadoras (limitándose a crear las condiciones más óptimas para que las partes encuentren las soluciones), formulativas (diseñando o proponiendo soluciones para impulsar el avance hacia los acuerdos) o directamente de poder (presionando abiertamente a las partes para la urgente obtención de acuerdos recurriendo a la presión política, económica o militar).

[7] Puede tratarse de mediadores externos imparciales, pertenecientes a organizaciones de terceros neutrales, o mediadores pertenecientes a la sociedad de los grupos en conflicto  que cuentan con un conocimiento privilegiado de primera mano sobre el conflicto y aceptados por todas las partes. Incluso la figura del co-mediador, no tiene por qué ajustarse a los convencionalismos clásicos, de tal forma que puede no participar directamente en el proceso, pero sí coadyuvar a distancia como asesor.

[8]  La negociación como la mediación, pueden tener otras pretensiones como la propaganda para una de las partes o como la oportunidad de conocer qué es lo que piensa su enemigo. Nierenberg, Gerard. The Art of Negotiating. Nueva York, 1986

[9] Algunos autores incluso abogan por desprenderse del concepto de neutralidad como un elemento central de la práctica de la mediación: “La neutralidad es físicamente imposible de alcanzar como un atributo personal de un mediador. Lo mismo ocurre con los conceptos de «resultados justos» y «equilibrio de poder». Son construcciones teóricas que no existen fuera de la teoría.
No hay nada que indique a un mediador cuando estos estados se han alcanzado realmente. Son conceptos subjetivos sujetos a infinitas variables.

Neutralidad, resultados justos y poder equilibrado son estados que sólo se pueden evaluar en retrospectiva. Esto deja a los mediadores con la situación de que no pueden predecir el verdadero estado de su neutralidad.

Después de haber experimentado la experiencia, no hay punto de referencia formal con la cual juzgar si se han alcanzado esos estados. La única evaluación válida puede ser si, en todas las circunstancias, los resultados del proceso y los resultados fueron bastante buenos. Hay buenas razones para desprenderse del concepto de neutralidad como base de la conducta del mediador. Es contraproducente porque las mentes programan a los mediadores para que acepten un estado que es inalcanzable.
El próximo gran salto para la teoría y la práctica de la mediación es desprenderse del concepto de neutralidad como un elemento central de la práctica de la mediación.”

Rooney, Greg. Rebooting Mediation by Detaching from the Illusions of Neutrality, Just Outcomes and Balanced Power. 2015. Disponible en: http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.2564035

[10] Algo que no siempre se identifica correctamente. Somalia fue uno de los escenarios donde la intervención de cascos azules de Naciones Unidas y las conversaciones de paz tuvieron un maridaje trágico, al ser percibidas las actuaciones como parciales por algunas de las partes en conflicto, lo que se tradujo en que las facciones no observaron el alto el fuego. “En junio de 1993, 24 soldados de la ONUSOM II de Pakistán murieron en un atentado en Mogadiscio. Posteriormente, los enfrentamientos entre la ONUSOM y milicianos somalíes en Mogadiscio provocaron víctimas entre la población civil y la ONUSOM. En octubre, 18 soldados de Estados Unidos de la Fuerza de Reacción Rápida -desplegados en apoyo, pero que no formaban parte de la ONUSOM- perdieron la vida en una operación en Mogadiscio. Los Estados Unidos reforzaron inmediatamente su presencia militar, pero más tarde anunciaron que se retirarían a principios de 1994. Bélgica, Francia y Suecia también decidieron retirarse.” ONUSOM II fue establecida en marzo de 1993 con la finalidad de tomar las medidas apropiadas, incluyendo medidas de ejecución, para establecer en toda Somalia un entorno seguro para la asistencia humanitaria. La finalidad de la ONUSOM II era completar, mediante el desarme y la reconciliación, la tarea iniciada por el Grupo de Trabajo Unificado para la restauración de la paz, la estabilidad, la ley y el orden. ONUSOM II se retiró a principios de marzo 1995

[11] «El papel de un tercero neutral es  importante y poderoso, pero sólo uno de los muchos papeles que las personas en conflicto necesitan», Mayer, Bernard S.  Beyond Neutrality: Confronting the Crisis in Conflict Resolution, 2004.  Mayer argumenta que la neutralidad sola no cumple con los deseos y necesidades de la mayoría de las partes.

[12] Sirva de reflexión sobre el particular el Informe del Secretario General de la ONU sobre la caída de Srebrenica. “Muchos de los errores cometidos derivaron de un único objetivo indudablemente bien intencionado: procuraron mantener la paz y aplicar las normas del mantenimiento de la paz, en circunstancias en las que no había paz que mantener. Conscientes de que cualquier otra acción pondría en peligro las vidas de los soldados, procuramos crear o imaginar condiciones en que se pudieran sentar las bases del mantenimiento de la paz: el acuerdo entre las partes, el despliegue basado en el consentimiento mutuo, y la imparcialidad.” Informe presentado por el Secretario General de conformidad con la resolución 53/35 de la Asamblea General, noviembre de 1999, página 117, párrafo 488. Disponible en: http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/54/549

[13]  Difícilmente los procesos de pacificación pueden ser considerados como completamente neutrales. Es evidente que las soluciones que se puedan acordar tendrán una lectura política que, inevitablemente,  puede beneficiar a algunos actores más que a otros.  Incluso la intervención de organizaciones teóricamente imparciales en la práctica pueden promover intereses de una parte sobre los de la otra, por ejemplo, la controvertida imposición de zonas de exclusión aérea. La zona de exclusión aérea, una guerra a medias de legalidad incierta, Riestra, Laura. RTVE, 2011.

Disponible en: http://www.rtve.es/noticias/20110305/zona-exclusion-aerea-guerra-medias-legalidad-incierta/413599.shtml

[14]La violencia no se inscribe ni en nuestra herencia evolutiva ni en nuestros genes. En las especies animales organizadas en grupos sociales, el comportamiento agresivo aparece en el contexto de la cooperación y de la asistencia mutua.” Segunda y Cuarta proposición de El Manifiesto de Sevilla sobre la Violencia, 1989. UNESCO, 1992. Disponible en:

 http://unesdoc.unesco.org/images/0009/000943/094314so.pdf

Andres Vazquez López

Mediador

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